Madre mía
no estas a mi lado,
pero te siento.
Estás en el viento,
en la sonrisa de mi hermana,
en el espejo,
y descubro en mi ese gesto,
tan tuyo...
y me sorprendo.
Nunca pensé,
mientras vivías,
tener tanto de tí
en mí persona.
Según envejezco
más de tí, en mí
encuentro.
Te siento,
te llevo dentro,
en mís genes
y en mí sangre,
en mís sentimientos.
Aunque tu cuerpo, no esté,
madre mía,
te siento.
Rosa M.






