A la atención del señor director del Hotel Cecily:
Me dirijo a usted para quejarme amargamente. Ayer a las 5 de la tarde, lo maté. Del trato recibido durante mi estancia. Clavé el abrecartas. Ha sido penoso. En su ojo derecho. Me quejé repetidas veces de la presencia de cucarachas en la habitación. No contento con ello, también. Algunas me saludaban ya, por la confianza. Se lo clavé en el ojo izquierdo. Ningún día he tenido bombones sobre la almohada. Aún sin ojos, no dejaba de quejarse. El tercer día de estancia en la habitación 306. Y me vi obligado. No tuve toallas con las que secarme. A meterle un calcetín. Y tuve que hacerlo con las mangas de mi única camisa. En la boca. Y de esta guisa. No callaba y a golpes. Asistir a la reunión. De su cabeza contra la bañera, lo rematé. Que tenía programada. La sangre escurría. Siendo mi persona, un espectáculo ridículo. De su cara deformada. Esperando de usted. Lo envolví. Una respuesta satisfactoria. En toallas. Se despide. Y agarrándolo por los pies. Atentamente. Lo metí en el maletero de su coche.
Pepe Bueno.
Rosa M.
Ejercicio para el taller, consistente en mezclar en un mismo texto una reclamación, queja o las especificaciones de un aparato con la confesión de un asesinato.
