Hoy tengo el gran placer de presentaros a Elena María Olmedo, una escritora formidable que ha sido tan amable de prestarme sus letras para que las comparta con todos vosotros. Espero que las disfrutéis.
PARA MUESTRA UN BOTUN
- Mira, humedece un poco el extremo de la hebra, ¡es más fácil!
Mi hilo estaba ya deshilachado.
- ¿Cómo pueden decir que puede pasar un camello por aquí?
Luego, cortar el hilo.
- Mira, ni muy largo ni muy corto.
- ¿Así es suficiente?
- Esa es la hebra de Maricaca, cosió con ella once camisas y una capa. Sólo hay que coser un botón, no la botonadura de una sotana.
Y llegaba la hora de iniciarse en la tarea.
-Tienes que hacer un nudo al final de la hebra para que no se escape y luego pasar el hilo por los agujeros.
-Podía tener sólo dos agujeros y no cuatro. Refunfuñaba. Los dedos me sudaban, la aguja se me resbalaba, el dedal me mancaba y yo pasaba la aguja de arriba hacia abajo, apretando bien para que no se soltara. Tanto apretar quedó hecha la tela un gurruño y el botón bailando.
- Bueno, ya está.
- Nada de eso, quítalo ahora mismo.
- ¿ Esto era coser y cantar? Me voy a jugar.
VIDA
Buscó las llaves en el bolso, abrió la puerta, entró y acto seguido echó el cerrojo, era la costumbre. Un silencio poco habitual reinaba en la casa. Era sábado y había trabajado esa tarde. Cada quince días ocurría lo mismo. Era una extraña sensación, una paz intensa anhelada y a la vez el deseo del bullicio. La casa parecía vacía, fría, sin vida. Durante toda la semana había esperado que llegara ese momento, pero cuando llegaba quería que el tiempo discurriera rápidamente y fueran ya las ocho de la tarde del domingo para que los ruidos, las voces, en resumen, la vida volviese a casa.
Había quedado para ir al cine con unas amigas, mas no la apetecía demasiado. Sabía que lo pasarían bien, pero echaba de menos tanto a los niños que solo su recuerdo decaía su ánimo. Aún no se había acostumbrado a esa nueva situación. De lunes a sábado la actividad era frenética, a las ocho de la mañana comenzaba el día, sino era antes. Habían adoptado una serie de tareas rutinarias, simples y sencillas, muy importantes a la hora de su aprendizaje y comportamiento. En el colegio le habían dicho que tenía que mantenerse firme con sus decisiones y sus mandatos; conservar un orden y una lógica era fundamental para que ellos las comprendieran y asimilaran. Al principio fue difícil no ceder en algunas órdenes – por no oírles llorar – pero con mucha, muchísima paciencia y cariño se fueron obteniendo resultados. Ya se vestían sin apenas ayuda, ¡qué gran avance! Buscaban los utensilios necesarios para comer y lo que fue muy importante, también los recogían. No había que retrasar el horario, rápidamente al baño a lavarse los dientes para salir escopetadamente hacia el colegio. No volvían a casa hasta por la tarde, era una ventaja para ella porque con su trabajo estaría un poco pillada de tiempo. Menos mal que contaba con cierta flexibilidad horaria, trabajaba en el negocio familiar y eso, le daba la posibilidad de conciliar amblas obligaciones teniendo en cuenta que para elle ellos eran lo más importante, Todo lo que hacía, todo lo que pensaba era por ellos. En muchas ocasiones comentaba que vivía el día a día, no pensaba en el mañana. Sin embargo, otras veces le asaltaba la preocupación de qué sería de aquellas dos criaturas si ella faltase. Sabía que siempre podía contar con el apoyo de su familia, estaba cuando hacía falta.
Se metió en el baño. Podía disfrutar de una ducha tranquila, no había que vigilar a nadie. Durante la semana el tiempo dedicado a estos menesteres estaba reservado para cuando habían caído rendidos en la cama. Eso sí, una vez que se dormían no solían despertar a no ser que estuviesen incubando algún virus o por algún monstruo nocturno. En esas ocasiones asaltaban su cama sin más, para ellos era difícil explicar qué pasaba por su cabeza en esas ocasiones, se mostraban inquietos y nerviosos, pero unas palabras dulces de ella junto con unas caricias eran mano santa, nunca mejor dicho. Y así pasaba de la soledad de la cama a la multitud de tres personas en la misma, y es que casi siempre les ocurría a los dos a la vez.
Se vistió rápidamente, tenia tiempo pero era ya la costumbre, hábitos cogidos por las circunstancias. Se puso delante del espejo y maquilló su cara con un poco más de detenimiento que otros días.
Estaba ya casi lista y aún le sobraba tiempo. De forma casi compulsiva entró en la habitación de los niños como hacía todas las noches, en ese momento era cuando les arropaba y depositaba sus labios en las mejillas de aquellos dos ángeles. Les miraba así dormidos y era en ese momento cuando se daba cuenta del paso del tiempo, como habían crecido en todo este tiempo. El embarazo y el parto estuvieron dentro de lo normal a pesar de ser doble. Fueron creciendo dentro de los cauces normales. Sus dudas y preguntas surgieron cuando de fue retrasando el lenguaje y el caminar. El pediatra siempre decía que algunos niños tardaban más y en este caso era normal al ser parto múltiple. El tiempo pasaba y los progresos tardaban en llegar, eso le hizo consultar a otros profesionales. Sus miedos eran fundados, la respuesta obtenida fue que sus hijos padecían una falta de proceso madurativo alguna conexión de aquellas cabecitas estaba sin realizar. Siguieron más y más consultas: hiperactividad, una variedad de autismo,… Esto fue un mazazo en su vida. Todo fue seguido, más consultas, la búsqueda de un centro especial, la modificación de horarios, contratar a una persona que le ayudara… porque todo el peso lo llevaba ella sola. Se había separado cuando los niños aún no habían cumplido un año. El se fue enterando poco a poco, nunca se involucró de manera activa y efectiva, por no decir afectiva. Les veía cada quince días, así había establecido el juez el régimen de visitas que no en pocas ocasiones incumplió. A un hijo se le ve crecer día a día y no en un par de ellos al mes. Miró el reloj, ahora estaba medida, su cabeza se había puesto a pensar sin tener en cuenta que las manecillas que miden el transcurrir del tiempo van más deprisa aún. Cerró la puerta de la habitación. Cogió el bolso, ahora estaba dispuesta a disfrutar de un tiempo para ella si la cabeza se lo permitía. Salió de casa, cerró con llave la puerta que sonó como a dejar esas vidas aparcadas durante unas horas. Mañana por la tarde recogería a Luis y a José, a sus dos niños, a su VIDA.
Elena María Olmedo.



























