Hoy en "Amigos" os presento a Ana Melero Y Lo Prometiste. Gran compañera y amiga que escribe cosas como estas, eso si, después de darle mil vueltas. Y de esa maravillosa batidora nacen historias increibles.
Qué lo disfrutéis, tanto como lo hago yo.
Rosa M.
La batalla se está produciendo en un pequeño territorio de mi organismo; el resto parece no querer saber nada al respecto, sigue con sus rutinas, respirando y alimentándose.
No, no tengo fiebre, no es necesario que mis defensas ataquen a ningún invasor que quiera destruirme. Mi enemigo no proviene del exterior. Ningún dolor localizado en punto alguno de mi cuerpo alerta sobre los fallos del sistema; y, sin embargo, el ordenador central está a punto de fundirse.
La bomba va a estallar, y cuando lo haga nada podrá salvarse. Su onda expansiva llegará a todos mis rincones, y de nada habrá servido la terca ceguera de este cuerpo. Sí, ceguera; por que mi cerebro mandó mensajes de socorro que no obtuvieron respuesta. Como sino entender esa falta de sueño, el apetito compulsivo, o los silencios eternos…, y esa especie de letargo de los sentimientos. Pero no hubo respuesta de mi parte física. Tampoco mi entorno fue consciente de los cambios, y si lo fue no los dio importancia. Importancia, esa es la clave. ¿Qué es importante? ¿Por qué no me importo?
Me he preparado un té que pongo encima de la mesa de la cocina. Voy a mi habitación, y ceremoniosamente tomo del armario una pequeña libreta que reposa oculta entre mi ropa. Vuelvo a la cocina con ella de la mano, y me siento frente a la taza de té aún humeante.
Acaricio las pastas negras y duras de la libreta de tacto suave. Después la abro. Sus hojas rayadas de color amarillento, aparecen dobladas a la mitad y cosidas en pequeños grupos. Reconozco la encuadernación, es antigua. Antigua como este sentimiento de vacío que arrastro.
Lleno lentamente mis pulmones intentando conseguir las fuerzas que me enfrenten a los trazos que ya surgen ante mi vista. Y leo:
"Estás aquí. Hubiera preferido que esto no fuera necesario, pero si has llegado hasta aquí ya nada puedo decirte. Todo lo que se me pudiera haber ocurrido ya ha pasado por tu cabeza, y lo has pesado y contrapesado una y mil veces.
Sé que has tomado la decisión, y no puedo ni quiero cambiarla. Sólo quiero recordarte tu promesa, sabes que para eso te escribiste. Siempre pensaste que nadie debería decidir sobre tu vida y que tú no decidirías sobre la vida de nadie. Recuerda en como se te revolvían las entrañas cuando alguna madre decidía acabar con su vida, y por añadidura, con la de sus hijos, ante el temor de que estuvieran peor sin ella. Sabes que cualquier eutanasia tiene que ser una decisión personal, lo sabes”.
Hago una pausa en la lectura. Ninguna lágrima resbala por mi cara. Soy consciente de ello.
Tomo un sorbo de té. Su sabor tal vez es demasiado amargo, siempre lo tomo sin azúcar, pero está caliente y reconforta este frío que me mana de dentro. Tomo otro sobo antes de continuar leyendo.
"Ahora que el dolor de tu alma es tan grande que se te hace insoportable el peso de la vida, y que el suicidio no es más que una forma de eutanasia para paliar ese sufrimiento permanente, esa angustia interna que te aisla y te hunde en una espiral agónica. Ahora que has tomado la decisión irreversible debes cumplir tu promesa. Tu oscuridad, ese mar negro en el que navegas, solo es tuya. Los demás no nadan en la negrura espesa que a ti te ahoga; por eso debes partir sola. Recuérdalo, lo prometiste. Te lo prometiste".
Saco un bolígrafo del bolsillo trasero del pantalón vaquero, una vieja costumbre, y escribo en la libreta
“Pensé que sería necesario obligarme por escrito a recordar que la vida de los demás no me pertenece, por mucho que los quiera y que crea que la vida en sí misma es un absurdo doloroso para ellos también. Porque tal vez en el último momento mi mente pudiera estar demasiado oscurecida para ser consciente de ello, me escribí. Pero no ha sido necesario leer para recordar. No olvide mi promesa. Y la he cumplido.
Mi cuerpo está empezando a sentir los efectos de este té.

Ana Melero.
Muy hermoso, aunque muy triste.
ResponderEliminarUn abrazo.
Gracias Eduardo.
ResponderEliminarSaludos desde el aire
Jobar no dejo de pensar en la cara de esos niños cuando regresen a casa. Que extraña es la mente humana que puede vivir la vida con una extraordinaria pasión y con la misma dejar de hacerlo.
ResponderEliminarUn beso Rosa.
Karras, nos mueven las pasiones o por la vida o por buscar la muerte.
ResponderEliminarMil gracias
Besos desde el aire.
No hay que olvidar que la vida y la muerte son hijas de una misma intensidad. Qué triste relato, tan desolador, tan punzante que se clava muy, pero que muy dentro de la retina emocional del lector.
ResponderEliminarEnhorabuena a Ana Melero por tan buen relato y a ti gracias infinitas por arrimarnos a sus letras.
Besos de menta-brisa
Gracias Rosa por presentarnos a tu amiga Ana que posee un gran talento.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho pero ha sido muy triste, aunque la vida tenga que tener estos momentos para valorar lo buenos.
Felicidades Ana!!!
Un beso a las dos ;)
Lia, mil gracias por la parte que me toca y a Ana seguro que le agrada mucho tu comentario.
ResponderEliminarBesos desde el aire
Doña M. geacias a ti por recibir tambien a Ana.
ResponderEliminarBesos desde el aire
Yo no puedo pensar más que en esa persona, como abandona esta vida qua ha sido tan dura con ella. No lo hacemos con los perros pero sí con los hombres, en el nombre de un supuesto dios, pero si ese dios es magnánimo la estara esperando con el corazón abierto.
ResponderEliminarBlogsaludos
Adivin, tú crees? ójala tengas razón.
ResponderEliminarGracias por tu comentario.
Besos desde el aire
Rosa, que bella entrada!! Me conmovió leerla. Es triste pero bella. Gracias por compartir este post, besos
ResponderEliminarHoy te visito, Rosa, con otro de mis Blogs, porque con éste no te seguía.Tristemente bello el relato de Melero. Me siento bien en tu Blog. Un abrazo de flores para ti.
ResponderEliminarDeliciosamente triste, tristemente devastador, devastadoramente doloroso, dolorosamente bueno.
ResponderEliminarBesos a las dos.
Mixha. Bienvenida, es un placer tu presencia.
ResponderEliminarGracias por tus palabras seguro que a Ana le hacen feliz.
Besos desde el aire
Millz, siempre es un gusto contar contigo. Gracias de parte de las dos por tus palabras.
ResponderEliminarBesos desde el aire
Esperanza, es un gustazo tus palabras. Millones de gracias.
ResponderEliminarBesazos de colores desde el aire
Somos, como especie, una extraña creación de la naturaleza; no sé bien de dónde eso de los reyes de la creación, cuando al perder el instinto por arroparnos de "civilidad y modernismo" nos volvemos enteramente nuestros enemigos. Bien por la autora, bien por ti por, generosamente, mostrarnos su producción.
ResponderEliminarUn abrazo.
Julio, muchisimas gracias por tu comentario es un placer.
ResponderEliminarSaludos desde el aire
Ojos de cielo,
ResponderEliminarMuchas gracias por invitarme a tu casa y prestarme a tus amigos.
No sé muy bien qué decir… Siento la tristeza que os he dejado, pero para mí el dolor es un sentimiento que también necesita ser expresado.
Serafín, este texto es sólo ficción, no te preocupes por la protagonista, no ha muerto; tampoco creo que le hiciera mucha ilusión ser acogida por dios, es atea (es broma, pero parecías preocupado).
Me siento un poco endeudada con vosotros por vuestros comentarios, así que sólo se me ocurre pasar a visitaros a vuestros respectivos blogs para devolveros la cortesía.
Muy agradecida a todos. Un abrazo.
Ana
P.D.
Rosa de los vientos, ¿tienes ya pata de palo para ser pirata del mar de incertidumbres?. Un besazo.
Anita de las palabras verdes ha ssido un honor tenerte en el Aire, a ti y a tu relato que sabes me gusta muchísimo. Cuando quieras repetimos.
ResponderEliminarNo quieren urgar en la pata está complicado y las de palo están enn desuso. De momento seguiré con la mia defectuosa. Me manejaré como pueda con ella por el Mar que por el aire no me pesa.
Besazos agradecidísimos por contar contigo desde el aire
Uf Rosa, que escrito mas profundo...si que son ciertas tus palabras... y que tristeza del alma me entró tras la lectura...
ResponderEliminarSiempre acertas con las sugerencias... voy ya mismo a verla y leerla...
Tengo que ponerme al dia... demasiado tiempo sin estar al 100%
Un besito gigante.. al 300%
Gala relájate disfruta tus triunfos y ponte al día poco a poco cielo.
ResponderEliminarAna no tiene blog y es una pena pues es una escritora incrible ya veré como la lio para que nos preste algún texto más, jeje.
Mil gracias por estar siempre mi Gala.
Besos desde el aire
Gracias Rosa, por presentarnos a Ana, aún con este relato tan desoladoramente triste.
ResponderEliminarBesos
Elysa, gracias a ti por leerlo y por tus palabras.
ResponderEliminarBesos desde el aire.
El tercer párrafo es impactante. Por si solo ya se basta para decir muchísimo. Me gustaría poder añadirlo en mi sección Deja tu huella, si os parece bien, remitiendo aquí para una lectura completa.
ResponderEliminarMontse, Es un honor que quieras contar com este texto en Deja tu huella. Tienes el permiso de Ana y el mio para que lo publiques cuando quieras.
ResponderEliminarMil gracias
BESOS DESDE EL AIRE
Gracias a las dos. ¿Puedo coger un trocito de tu "El almacén" también para poder poner algo de las dos juntas? Así se hacen compañía. Estoy trabajando la entrada, cuando me digas algo la amplío. Un abrazo a las dos.
ResponderEliminarMontse, tuyo es, coge lo que quieras.
ResponderEliminarMil gracias cielo por compartir tu casa con nosotras.
Besos desde el aire
A vosotras por escribirlo. Ya está hecha la entrada. Si pasáis a verla y queréis hacer algún cambio, sugerencia...lo que sea, se modifica. Espero que os guste. Un abrazo.
ResponderEliminarMontse la entrada es preciosa.
ResponderEliminarGracias por dejarnos un trocito de tu casa.
Besos desde el aire
Muy triste el relato, ¿por qué emprender ese viaje sin retorno, por qué no tratar de hacer que la vida de sus hijos sea mejor que la suya...? Hay tantos porqués... Me recordó el suicidio de Silvia Plath, ella dejó preparado el desayuno para sus hijos antes de meter la cabeza en el horno de gas.
ResponderEliminar