COMPAÑER@S DE TRAVESÍA

miércoles, 9 de abril de 2014

FILOSOFÍAS DE COCINA


Decía la mamá de Forrest Gump, que la vida era como una caja de bombones. Y quizá para ella fuera así, no lo voy a discutir. Pero la mía, como la de tantos otros, es un peladero de cebollas. Un continuo quitar capas y llorar, llorar y quitar capas. Y total, ¿para qué? Si por muchas capas que quites y por muchas lágrimas que derrames, al final sólo quedan cachitos en el plato y muchos ni se los comen.

Rosa M.

7 comentarios:

  1. ¡Ellos se lo pierden!

    Besicos, amiga.

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  2. Si la calientas un poquito a fuego lento... ya verás que la cosa cambia, je je.

    Besos al aire.

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  3. Con lo buena que es y está la cebolla!!!
    Incluso para llorar de vez en cuando limpiando el alma.
    Besos

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  4. Este breve está cargado de tristeza, o eso es lo que me ha transmitido, o más bien de derrotismo. A mí particularmente me encanta la cebolla y, aunque nos haga llorar, su sabor compensa y eso es positivo.
    Un abrazo.

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  5. Triste, muy triste. Como la sabiduría que da la ingenuidad.
    Un beso.

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