COMPAÑER@S DE TRAVESÍA

miércoles, 2 de abril de 2014

POLO NORTE


Colgaban chupiteles de los muebles del salón. Y en el pasillo una pista de patinaje sobre hielo hacia difícil llevar la taza de café sin que se derramase una gota. En el baño, los pingüinos se hacían el amor, y era imposible mirarse en el espejo escarchado. Lo más divertido de todo era meterse en aquella cama. Un enorme oso polar afilaba sus garras en el cabecero.

Rosa M.

6 comentarios:

  1. Tú también tienes un oso, Rosa. Cuídalo que luego hibernan y desaparecen para siempre.
    Besos al vuelo

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  2. Que buenos los chupiteles, dan ganas de de dejar la lengua pegada en uno, je je. Y cuida del oso, en invierno somos muy calentitos, je je.
    Besos escarchados al aire.

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  3. Este relato me ha dado que pensar. ¿En cuantas casas hay este frío polar? y ¿en cuantas camas hay un oso polar afilándose las uñas? Seguro que no hay que ir muy lejos. Lástima que no sepan o no puedan encender una cerilla.

    Besos

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  4. Frío en nosotros mismos.
    Cuidado.
    Un beso.

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  5. Por muy simpático que sea ese oso... no lo veo, las garras el frío...
    No, no lo veo nada divertido. Por eso admiro el sentido de humor y lo bien que aparentemente lo lleva la protagonista.
    Un beso, calentito

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