COMPAÑER@S DE TRAVESÍA

jueves, 2 de julio de 2015

POSGUERRA



Hace tiempo que los jardines no se arreglan y las plantas han perdido sus guías y crecen, salvajes, abrazando las paredes desencaladas de casas y otros edificios del pueblo. La puerta de la escuela permanece medio abierta y sus ventanas sin cristales le dan un aspecto de mueca macabra y lúgubre. Coches abandonados, rotos o quemados, pueblan las calles y, allá donde mires, las huellas de la guerra se extienden como garras afiladas por plazas y conciencias. El cementerio se ha llenado de fosas comunes, nadie visita el camposanto pues los que se suponen vivos, en realidad, hace tiempo que murieron. Caminan, comen, respiran. Pero están muertos.

Los vencedores, los de siempre, muestran por la calle su poderío de hombres, armas y perros. Los perdedores, los de siempre, pasan con la cabeza gacha intentando no llamar la atención de los vigilantes. La vida ha vuelto a la rutina pero, aun así, no se dejan de oír disparos esporádicos ni de ver charcos rojos en las calles desoladas y cubiertas por la nieve.

El invierno será más crudo, no sólo por el frío ambiental sino también por el frío humano. Un frío que asusta, que cala hasta las entrañas y que congela los sentimientos. Nadie se atreve a murmurar: los vecinos, antes amables y dicharacheros, se saludan con un leve movimiento de cabeza. Nadie sabe quién puede ser un delator. Ni siquiera se puede confiar en que uno mismo no lo será.

Se camina agachado, desgarbado, como sin fuerzas. Hay que disimular, no destacar, que nada sobresalga del resto. El alto se encorva, el joven arruga el rostro, las mujeres guapas se esconden tras gafas y bufandas en las largas colas para conseguir pan, azúcar, leche o cualquier otro alimento básico. Nunca hay bastante para llenar los estómagos vacíos ni para calmar tanta rabia.

En el patio de carruajes se ha montado una extensa mesa adornada con un primoroso mantel de lino blanco bordado con motivos geométricos. En fuentes de loza decorada, chorizos, morcillas, jijas y otros productos típicos de la matanza van desapareciendo engullidos por hombres y mujeres vestidos para la ocasión que los ha llevado allí esta mañana. La niebla de primera hora ha dado paso a un tímido sol que despunta ya en lo alto. Los perros miran sin moverse de su sitio, sujetos con correas a las manos del guardés que, como ellos, no osa ni mover el rabo si no se lo indica el dueño. Las conversaciones se suceden, ruidosas. Comentan sin ningún tipo de escrúpulo la jornada. Cómo corría la presa, la forma en la que lo abatió Fulanito o Menganito. Ríen, comen, beben y hablan. El dueño de la casa golpea una fina copa metálica con el tenedor de plata. Todos callan. Anuncia que ha llegado la hora de premiar al novato. Es su único hijo, dice con orgullo, y hoy se ha portado como un hombre. Él solo, explica, ha abatido la mejor pieza. Cuenta con detalle cómo, con aplomo y sin miedo, se plantó ante el animal, lo miró a los ojos, exhaló el aire de sus pulmones y le metió entre ceja y ceja un certero disparo que acabó con él a sus pies. Los demás cazadores aplauden y levantan las copas para brindar por la hazaña.

A pocos metros del festín, en fila, tiradas en el suelo con gesto de sorpresa en sus ojos muertos, las piezas. Díez cuerpos inertes que descansan, obscenos, sobre el rojo de su propia sangre. Llama la atención el cuerpo desmadejado de una frágil rapaza, con un vestidito de flores sobre fondo blanco y el pelo negro, en contraste con la palidez azul de su cara. El grupo se acerca coreando el nombre del muchacho, al cual llevan en volandas. Mojan las manos en la sangre, que ya empieza a coagularse, de las piezas y, de uno en uno, marcan la cara, el pecho y los brazos del novato. Los flashes de las cámaras se disparan para inmortalizar el momento en las redes sociales y en los noticiarios locales y nacionales. El padre es el último en marcar al niño hombre. Lo hace untándole los labios con el rojo mientras le susurra al oído “tú eres ahora el amo, hijo mío”. La boca del hijo se llena de los sabores metálicos del espeso líquido. Sonríe orgulloso con una mueca grotesca y horrible.

Desde la cancela, los ojos de los que antes eran hijos, esposas, madres, padres, dejan caer lágrimas mudas de rabia mientras distinguen por las ropas a sus muertos. Un par de vigilantes de Prosegur, vestidos de negro impecable con sus zapatos lustrosos, las enormes porras al cinto y las Ray-Ban de espejo cubriéndoles los ojos, les advierten, con asco, que está prohibido acercarse tanto a la verja, armar escándalo y que, a la mínima amonestación por su parte, no se les entregarán los cuerpos de sus queridos familiares.

Un hombre viejo que arrastra sus rotos zapatos dejando surcos en el fango se agarra con fuerza a la verja. Las lágrimas se le han congelado en las mejillas y la voz no le sale del cuello de la ajada camisa. Respira entrecortado, el dolor le ahoga. Con un esfuerzo sobrehumano consigue gritar un por qué. Los seguratas se acercan a él, le pegan con las porras y se lo llevan a rastras mientras el resto desvía la mirada y baja la cabeza, escondiendo su miedo y vergüenza entre los abrigos raídos. Algunos se vuelven de espaldas mientras se muerden los puños pero no dicen nada

Lo llevan ante el señor, que sigue en su fiesta rodeado de los suyos, los elegidos, De un empujón lo ponen a sus pies. El anciano no levanta la cabeza del suelo, no mueve ni un músculo, las pocas fuerzas que le quedaban las malgastó en gritar en la entrada.

El señor de la guerra se ríe y el resto corea como cuervos.

—¿Preguntabas por qué, viejo? ¿Todavía no lo sabes? 

— El anciano le mira desde sus ojos muertos.
— Porque puedo—.

7 comentarios:

  1. Da gusto leer relatos algo más largos, que llenen más. Has montado un escenario no creíble, unos hechos que no pueden ocurrir, cómo van a ser tan malos los buenos, y es ahí donde atrapas al lector, pero atrapar de tenerle cercado, querido lector, por no creer que se posible, solo por eso es por lo que lo hacen y lo harán, porque no te lo crees. Así llevaban a los judíos, no se lo creían, y sí, son cazadores. Enhorabuena, y a ver si ya empezamos todos a escribir y publicar relatos. Un abrazo.

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    1. Muchas gracias por tus palabras, querido Ximens. Sabes que las aprecio.

      Besos desde el aire

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  2. ME gustó mucho el relato. Buena atmósfera y bien llevado. Descarnado. No me convence el citar una empresa concreta en el relato, pero eso ya es manía personal. A mi personalmente eso sí, me resulta más incómodo leer en la pantalla en más largo.
    Salud y enhorabuena por el texto.

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    1. Gracias Miguel Ángel. Sé que es muy cansado leer relatos más largos en la pantalla y te agradezco mucho el esfuerzo y tus palabras. El citar una empresa, ha sido quizá un intento de darle algo de realismo a esta historia improbable.

      Besos desde el aire

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  3. Buen administrador de la tarde, su blog es muy bonito diseño y contenido muy elegante, una vez, tengo mucho conocimiento de su blog, gracias. Le deseamos éxito siempre.
    Mi mensaje, mantenga el pensamiento positivo, porque la bondad está llegando ahora, mañana y siempre.

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  4. Me gustan los relatos que te hacen pensar. Y tú lo consigues provocando imágenes con mucha fuerza. Belleza en la forma y fealdad en el fondo de los buenos y de los malos: crueldad y miedo retroalimentados. Un beso Rosa de los Vientos.

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Con tus palabras el aire se mueve y se llena de vida

SENSACIÓN EN LA TABERNA DEL CALLAO

SENSACIÓN EN LA TABERNA DEL CALLAO
Gracias Javier Merchante

HEROES EN EL PLANETA DE LOS LIBROS

HEROES EN EL PLANETA DE LOS LIBROS
Gracias Lola Sanabria

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