COMPAÑER@S DE TRAVESÍA

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lunes, 16 de julio de 2012

COLOR: NARANJA



Aprieta con fuerza y gira, derecha, izquierda, derecha, izquierda. El aroma del zumo llega hasta su nariz provocando una queja en su estómago. Las tostadas saltan y el café está listo.
Se sienta y coge la carta mientras desayuna, las dudas le hacen dejarla sobre la mesa. Un sorbo de café, un mordisco a la tostada y el ácido azucarado del zumo llenan de sabor su garganta. Mira la carta indecisa.
Ábrela, se dice.  Pero las dudas no la dejan.
Termina el desayuno, recoge, friega los vasos y dobla cuidadosamente el paño. En el espejo repasa su cara, arrugas y ojeras que hace poco no estaban, definen ahora sus gestos. Como puede intenta corregir lo que el tiempo le ha dejado, maquillaje, sombras, máscara en las pestañas y la roja barra de labios. Labios sin besos, piensa.
En el armario selecciona la ropa, algo cómodo, un vaquero y una camiseta, zapatos de tacón, no sabría afrontar ese día desde el suelo. Necesita perspectiva, la que le dan sus zapatos, algo es algo.
El bolso, las llaves del coche. Se detiene y mira la carta sobre la mesa de la cocina. La recoge, la dobla y la guarda en el bolso. Más tarde, más tarde seguro que la leo.
Pasa el día en el trabajo, intentando borrar de su mente la carta. Habla, ríe, discute. A la hora de comer, casi se decide pero la vuelve a guardar en el bolso.
Al terminar la jornada, entra en un bar. Necesita darse valor.

_ Ron con naranja. Le pide al camarero.

El primer trago le escuece y hace que se le arrugue la cara, el segundo le calienta y al tercero, la copa se acaba.

_ Otra de lo mismo, por favor.

Ni siquiera la disfruta, de un solo trago ve el fondo de la copa. Ya ni habla, con un gesto el camarero le sirve otra, y después, otra y otra. Pierde la cuenta, tampoco le importa.
A trompicones llega a casa, en el cielo, un ocaso naranja pone la última pincelada de color al día que acaba.
Saca la carta del bolso, la mira, está algo arrugada. La estira con las manos, se la lleva a los labios, y con la voz tomada de ácidos vapores anaranjados, la deposita encima de la mesa, gesticula con las manos y dice tal vez mañana.

sábado, 14 de julio de 2012

COLOR:VIOLETA


Violeta salta las olas, las abraza, las besa. Para que cuando se vayan se lleven sus besos.
Violeta le cuenta a los pájaros, les hace cómplices de sus historias. Cuando levantan el vuelo se llevan sus palabras.
Violeta sale a la tormenta, con sus brazos desnudos da mil vueltas mientras ríe. Cuando escampa, salta en los charcos, descalza.
Violeta recoge  flores y adorna su cabeza. Con margaritas, madreselvas, jazmines y amapolas.
Violeta recorre los trigales, acaricia el sol en las semillas. En la ribera entre los juncos  del río le canta a las ranas.
A la luna llena Violeta le aulla, como loba en celo.
El día que violeta se plantó desnuda en la iglesia del pueblo, el médico, el cura y el alcalde, la encerraron en el manicomio.
Violeta está muerta, aunque su cuerpo diga lo contrario.

Rosa M.


viernes, 13 de julio de 2012

COLOR: AZUL


Mar de Cabopá

Hoy llegué hasta aquí caminando por el sendero de mi vida. Sobre el precipicio del caos me construiré mi casa, me construiré la vida que me queda. Desde aquí veré como el azul del mar se funde en el horizonte con el cielo infinito de los sueños. Hoy empiezo a edificarme. Derribaré los cimientos resquebrajados, las vigas torcidas y el techo lleno de goteras.

Cuando termine, justo en ese instante, podré dormir en paz, le habré dado un sentido al sin sentido, y sabré que el azul, ese inmenso azul me arropará.

Rosa M.


Gracias Cabopá por regalarme tu mar...

jueves, 12 de julio de 2012

COLOR: GRIS


La cola da la vuelta a la manzana. El hombre que está delante huele a desesperación y tristeza. Con un gesto me huelo a mi mismo, no, todavía huelo a esperanza. Soy joven y fuerte.
La cola avanza despacio, dos pasos, para, otros dos.
La mujer que esta detrás no deja de cotorrear con su amiga, creo que sean amigas, pues su conversación las delata. Hablan de niños, del marido de una que se ha quedado sin trabajo, la otra intenta consolarla.
Pongo música en el móvil y me pierdo un rato. Alguien discute. Todos vuelven la mirada, nadie quiere complicaciones, ya tienen la vida bastante complicada.
La cola avanza  despacio como un enorme animal varado en una playa mecido por las olas.
Miro el reloj, dos horas, llevo aquí dos horas y la puerta queda aún muy lejos.
Distraigo mis pensamientos con las rutinas pendientes, comprar el pan, ir a comer a casa de mis padres…Hoy le daré un gran beso a mi madre e intentaré sonreír  un poco más, seguro que así se le quita un poco la cara de preocupación que últimamente la acompaña.
Otros dos pasos, otro más. Ya veo la puerta.
Miro los libros del escaparate de una  la librería, hay uno que llama mi atención se titula La Espera, sonrío ante la ironía.
Otros dos pasos, tres, cuatro.
El guarda que está en la puerta va franqueando el paso. Cuenta los que salen y ordena pasar a la misma cantidad de los que esperan. Me detiene, no me deja pasar. Espero. Cuando creo que ya voy a entrar, el guarda entra dentro del edificio y cierra la puerta por dentro.
Me quedo allí plantado, no asumo lo que pasa y de repente un grito que nace en lo más hondo de mi estómago sale de la garganta rompiendo el gris del cielo.

Rosa M.

miércoles, 11 de julio de 2012

COLOR: BLANCO



Todo está dispuesto. Sobre la cama el vestido de novia, blanco inmaculado, blanco nuclear, blanco impoluto, blanco sin mácula, blanco radiante.
La ramita de azahar perfuma la alcoba. La liga. Algo azul, algo prestado, algo viejo.
Las manos de las amigas vistiendo a la novia. La madre en la puerta llora. El padre nervioso da vueltas por la casa, es el padrino.
Sale la novia del cuarto, hermosa, blanca. El padre la mira orgulloso, una lágrima indiscreta le recorre el rostro. Mira hacia otro lado, disimula.
El coche en la puerta, las flores lo adornan. Vecinos y vecinas esperan impacientes.
 ¡Guapa! ¡Guapa!
A la puerta de la iglesia, el novio espera. Entre impaciente y nervioso. Su madre le atusa las flores de la solapa.
Se colocan los invitados el los bancos floridos. La música resuena, danza entre las columnas.
El novio en el altar la ve entrar del brazo de su padre. Tan blanca, tan bella. Sonríe.
Ella deposita suavemente sus manos en las de él. Se miran.
Le quieres por esposo le preguntan. El blanco se apodera de todo, blanco nuclear, blanco inmaculado, blanco  impoluto, blanco sin mácula.

Rosa M.

martes, 10 de julio de 2012

COLOR: SEPIA



Descorre las cortinas de la casa, lo justo, ni más ni menos. la luz dibuja claros y sombras donde se esconden los recuerdos. Mira despacio las fotografías ajadas por el tiempo. El color de algunas se ha perdido tiñéndolas de una pátina de olvido. Pero no para ella. Para ella el ayer es hoy y las fotografías le traen a la memoria a los que dicen se fueron.
Están aquí, entre el haz de luz.
Sentada tejiendo está su madre, sus manos se deslizan ligeras por la labor mientras tararea sonriente aquel tango de Gardel que tanto le gusta. Su padre, la mira con aquella mirada suya, aquella mirada que solo le dedicaba a ella y le cuenta que tal le fue el día mientras se fuma un cigarro y hace ceros de humo para que ella sonría.
En el dormitorio está él, esperando, joven y hermoso. La toma entre sus brazos y la lleva a donde quiere ir. Con él se detiene el tiempo, los besos la abrasan, el cuerpo le duele de amor.
Sus hijos corretean entre las sombras, las risas infantiles le  dibujan en la cara sonrisas.
La luz cambia y todo desaparece. Corre de nuevo las cortinas dejando en penumbra su casa, como su vida, suspendida en el tiempo.

Rosa M.

martes, 26 de junio de 2012

COLOR: NEGRO



En la ciudad de Yueva Nork, todo es negro. Negro como el cielo de la boca de sus habitantes, que sobreviven en la negrura de sus túneles.
Adoran a Malboro que resplandece  en la oscuridad de la cripta donde oran.
El polvo negro lo llena todo y ha convertido sus pieles en ceniza. Ojos sin luz adornan sus rostros.
Ninguno recuerda que hay arriba, ni siquiera si alguna vez existió, ni cuando se  transformaron, o cuando dejaron de ver. Solo en la cripta se conserva el resplandor que ahora les daña y que solo los eruditos a duras penas soportan.
Comen ratas que ya escasean y  algunas de las tribus más lejanas han dejado de existir. Ya nadie se aventura más allá de donde presienten sus cuerpos.
El miedo les hace juntarse, hacinados, sin espacio, implorando a Malboro, que parece haberse perdido también, en la negrura.


Rosa M.

Este ha sido mi soplo para el Vendaval 2012

SENSACIÓN EN LA TABERNA DEL CALLAO

SENSACIÓN EN LA TABERNA DEL CALLAO
Gracias Javier Merchante

HEROES EN EL PLANETA DE LOS LIBROS

HEROES EN EL PLANETA DE LOS LIBROS
Gracias Lola Sanabria